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Me automaticé el despido

La misma semana que me despidieron, empecé a programar el sistema que iba a postular por mí.

El 3 de julio de 2026, BC Tecnología me entregó la carta de desvinculación. Causal: "falta de proyecto." Soy Magíster en Simulaciones Numéricas por la Universidad Politécnica de Madrid, llevaba años levantando software para una de las mayores cadenas de retail del país, con un sueldo cerca del mínimo, y la razón que me dieron fue que no había proyecto donde ponerme.

Ese mismo fin de semana abrí un editor de código y construí Jobs-Scraper: una herramienta que escrapea Get on Board y Computrabajo, puntea cada aviso contra mi CV con un modelo de lenguaje, los jerarquiza por compatibilidad, y me los presenta para que yo decida cuál vale la pena. Automaticé la búsqueda de trabajo con la misma clase de inteligencia artificial que, según el consenso que circula, va a transformar la economía y distribuir la prosperidad hacia quienes dominen la tecnología.

El resultado fue más instructivo que cualquier aviso que encontré.

El mercado que se moderniza sin los que lo construyen

PwC publicó este año su Global AI Jobs Barometer. La cifra que más circula en LinkedIn: los trabajadores con habilidades de IA tienen un premio salarial promedio del 62% respecto a los que no las tienen. El estudio es serio, basado en cerca de mil millones de avisos laborales de seis continentes, y el dato es real.

Lo que no circula junto a ese dato es el siguiente: ese premio es global, se concentra en los mercados donde la demanda de talento especializado supera la oferta, y mide la diferencia entre quienes ya estaban en la franja alta del mercado y quienes subieron dentro de ella.

El Banco Central de Chile midió lo suyo en 2024. El resultado: el 3,85% de los avisos laborales chilenos pedían alguna habilidad de inteligencia artificial. Tres coma ochenta y cinco por ciento. En 2017 eran el 1,32%. El mercado chileno de IA lleva casi una década creciendo y no llega al cuatro por ciento de la demanda total.

Mientras tanto, el sueldo promedio de un ingeniero de software en Chile es de $1.571.477 brutos al mes, con punto de partida para recién egresados en $1.327.855 (datos de mercado, 2026). El sueldo mínimo desde mayo de 2026 es $553.553. Las brechas existen. El "premium del 62%" sigue sin aparecer en la canasta que revisa el Banco Central.

Ciento cincuenta mil despidos, ganancias récord

Este año la industria tecnológica global acumula más de 150.000 despidos. El 54% de los eventos de desvinculación citan la IA, la automatización o el machine learning como razón. Atlassian recortó 1.600 personas para "reequilibrarse hacia la IA." Intuit eliminó 3.000 puestos, el 17% de su dotación, para "reasignar recursos." Meta despidió 8.000 y anunció que moverá 7.000 a roles enfocados en IA.

Las mismas empresas registran ganancias récord y han comprometido cientos de miles de millones de dólares en infraestructura de IA.

El empleo de desarrolladores de entre 22 y 25 años cayó casi un 20% desde 2024, exactamente el período en que las herramientas de IA generativa se volvieron estándar en los flujos de trabajo de las grandes compañías. Oxford Economics concluyó en enero de 2026 que las firmas "no parecen estar reemplazando trabajadores con IA a escala significativa", lo que sugiere que la IA es, en muchos casos, la justificación más cómoda para recortes que ya tenían planificados.

Eso también es un dato.

Lo que el scraper me devolvió

Jobs-Scraper me presentó decenas de avisos. Los que pagan sobre dos millones de pesos piden entre tres y cinco años de experiencia, tech stack actualizado, disponibilidad inmediata. La mayoría no menciona inteligencia artificial en ningún campo. El que la menciona explícitamente la llama "deseable" y paga igual que los demás.

El mercado chileno no remunera la destreza en IA: la consume como un insumo más del trabajo, igual que antes consumió el manejo de Excel o el conocimiento de Git.

La lógica es precisa: si la herramienta está disponible para todos, la ventaja desaparece en el mercado laboral, pero la productividad que genera sigue capturándola quien paga el sueldo, no quien hace el trabajo. PwC tiene razón en que hay un premio salarial para quienes dominan IA. Ese premio existe donde la demanda de talento supera la oferta. En Chile, con el 3,85% de los avisos que piden esas habilidades y el promedio de ingeniería anclado en $1,5 millones brutos, la ecuación es otra.

No estoy diciendo que la IA no transforma la economía. La transforma. La pregunta no es si transforma: es a quién le llega la ganancia de esa transformación. Y la respuesta, por ahora, no la da el sueldo del ingeniero que la implementa.

Construí el scraper de todas formas, y lo voy a seguir construyendo. No porque el mercado vaya a cambiar de opinión la próxima semana. Sino porque entender la mecánica del sistema es la única manera seria de negociar con él, o de decidir cuándo no negociar.