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Lo que construimos esta semana no debería ser necesario
- Inteligencia Artificial
- GovTech, datos y transparencia
El miércoles me siento en una sala con cincuenta equipos y dos jornadas por delante. Vamos a construir algo que le va a hablar, por WhatsApp, a adultos mayores de Quinta Normal: preguntarles cómo están, si les duele algo, si necesitan ir al médico. Va a escuchar. Va a registrar. Va a ayudarlos a decirle al sistema de salud lo que necesitan, antes de que lleguen a urgencias a decírselo solos.
Ese sistema tiene, en este momento, 2,5 millones de personas en lista de espera. La mediana para ver a un especialista es de 226 días. Para una cirugía, 259. Son los números más bajos que ha registrado el MINSAL. Aun así, son 226 días.
Lo que el sistema dejó de hacer
Chile no tiene, en primer lugar, un problema de médicos. Tiene un problema de contacto.
Entre el momento en que una persona sale del consultorio con una interconsulta y el día en que la llaman para la especialidad, pasan meses. El contacto que existe en ese período es casi siempre administrativo: confirmar que la persona sigue en lista, actualizar los datos de contacto. Lo que no existe de forma sistemática es el seguimiento clínico, saber si el dolor empeoró, si la condición cambió, si puede seguir esperando o si ya necesita atención antes.
Para los adultos mayores, eso es particularmente duro. Muchos no pueden navegar el sistema en línea. Muchos no tienen a nadie que los ayude a agendar, a preguntar, a insistir. En Quinta Normal, la comuna donde trabajamos, hay 20.596 personas mayores de 65 años y más de 67.000 inscritas en el sistema de salud municipal. Para muchas de ellas, el sistema de salud público no es una opción: es la única.
El canal más directo que tiene hoy el sistema público para llegar a ese adulto mayor no es una app, no es un portal, no es un número que nadie atiende: es WhatsApp. ¿Es absurdo que el sistema de salud dependa de una plataforma privada para llegar a sus propios usuarios? Sí. ¿Es lo que hay? También.
Lo que vamos a construir
El proyecto es un agente de inteligencia artificial conectado a WhatsApp. No diagnostica. No reemplaza al médico ni al CESFAM ni a nadie. Hace lo que el sistema debería hacer entre consultas: mantiene contacto, registra cómo evoluciona la persona, y la ayuda a comunicar sus necesidades antes de que se conviertan en urgencia.
Lo construimos esta semana en el Claude Impact Lab. Es la segunda edición del programa en Chile: la primera fue FinTech, con 899 postulantes, 48 equipos y tres ganadores. Esta versión, organizada por Bendita IA junto a Anthropic y Caja La Araucana, apunta a las listas de espera, con datos anónimos del sistema real. Somos cuatro: dos desarrolladores y dos doctoras.
Lo que describe este proyecto no es digitalización del sistema de salud. Es acompañamiento humano mediado por una herramienta digital. La diferencia importa: digitalizar es poner el mismo proceso en una pantalla; acompañar es cambiar qué pasa en el vacío entre una atención y la siguiente.
La contradicción que igual me hace ir
Todo esto no debería ser necesario.
El Estado debería llamar a las personas que puso en lista de espera. El CESFAM debería hacer seguimiento activo. Debería existir un sistema de alertas que funcione antes de que el dolor se vuelva urgencia y la urgencia se vuelva hospitalización. No existe, o existe tan fragmentado que para el adulto mayor de Quinta Normal es como si no existiera.
Lo que vamos a construir el miércoles es, con toda honestidad, un parche. Sofisticado, construido con datos reales y con profesionales de la salud en la sala, pero un parche. El riesgo de los parches es que los sistemas que los necesitan aprenden a depender de ellos en vez de arreglarse.
Voy de todas formas. Porque las 2,5 millones de personas en lista de espera no pueden esperar también a que el Estado decida arreglarse.