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Columna

Cuarenta personas un sábado a las diez

El sábado 11 de julio, a las diez de la mañana, más de cuarenta compañeras y compañeros de la Comunal Ñuñoa del Partido Socialista cerramos la instancia comunal de la Conferencia Nacional Programática "Eugenio González Rojas". Vinieron delegados de otras comunas y un delegado de la Regional Metropolitana. En un momento de la jornada, los presidentes de las comunales de Providencia y La Granja tomaron la palabra para saludarnos como ejemplo de organización. No fue un acto para la prensa. Fue un sábado cualquiera, con café frío y micrófono compartido, en la región más poblada de Chile, la que junta a más de siete millones de personas, casi el 35% del país entero.

Milito en el PS, Comunal Ñuñoa, hace unos tres años. No tengo cargo ni cupo en ninguna directiva. Soy, en el sentido más literal, base.

Esa misma semana, el partido que integro estaba en la portada por otra razón. El 8 de julio, la presidenta del PS, la senadora Paulina Vodanovic, y la senadora Daniella Cicardini protagonizaron un cruce público que terminó en la sala del Senado, grabado y viralizado, por un desacuerdo de fondo sobre cómo negociar con el gobierno la fórmula de invariabilidad tributaria de la megarreforma. Hubo acusaciones cruzadas en redes, un comité tenso, y finalmente ese encontrón que salió en La Tercera, Cooperativa y El Mercurio. Hoy, el periodista Kike Mujica lo resumió en The Clinic con un título que no perdona: "Los socialistas, enemigos íntimos".

Mujica tiene un punto real, y no lo voy a discutir aquí: el PS se pelea. Pero hay algo en su columna que merece una vuelta más, porque la pelea no es nueva ni es una anomalía. El partido nació el 19 de abril de 1933 juntando a socialdemócratas, marxistas, anarquistas y trotskistas bajo una misma sigla. Noventa y tres años después, sigue teniendo seis tendencias internas, las llamadas "lotes", herederas en su mayoría de la fractura que dejó la dictadura entre el PS Almeyda y la Renovación Socialista. Un partido que nació de la fusión de identidades distintas no se va a volver monolítico porque lo pida un titular. La pelea de cúpulas no es la crisis del PS. Es su biografía completa, desde el primer día.

Lo que sí cambia, y esto es lo que me importa decir, es qué parte de esa biografía decide contar la prensa. La cobertura política, no solo la de El Mercurio, no solo sobre el PS, tiene un sesgo estructural hacia el conflicto: una senadora acusando a otra en video es noticia, un delegado leyendo un borrador de programa en un salón comunal no lo es. No hace falta ninguna intención torcida para que pase esto. Es simplemente más fácil escribir sobre una pelea que sobre un proceso.

Esto no es exclusivo del PS ni de Chile. Cualquier organización con noventa años de historia (un sindicato, una universidad, una iglesia) arrastra su propio anecdotario de rupturas y su propio trabajo cotidiano que nadie fotografía. Pero en un partido político el costo es distinto, porque no le rinde cuentas solo a sus militantes: le pide el voto a todo el país. Si la única imagen pública que logra proyectar es la de su propia pelea, termina compitiendo no contra otro partido, sino contra la idea misma de que vale la pena organizarse con otros para algo colectivo.

El costo de ese sesgo no es abstracto. Cada vez que alguien que nunca ha militado ve solo la crisis de arriba, arma una idea completa del partido con esa única pieza: el PS es la gente que se grita en el Senado. Y con esa idea, ¿quién se anima a sumarse? La participación política de base ya es escasa en Chile. Si la única imagen disponible es la del pleito, estamos entrenando a la próxima generación para desconfiar de la política organizada antes de haberla visto funcionar una sola vez.

La Conferencia Programática que cerramos el sábado no es un dato menor. La convocó el propio partido con un objetivo explícito: fortalecer la cohesión programática con énfasis en la participación territorial e intergeneracional. Lleva el nombre de Eugenio González Rojas, pedagogo, escritor y uno de los fundadores del PS, alguien que entendía que un partido se construye con paciencia de maestro, no con golpes de efecto. No es vinculante ni sustituye al Congreso del partido. Es, literalmente, gente discutiendo ideas un sábado en la mañana, comuna por comuna, hasta alcanzar a la región más poblada del país.

Vodanovic y Cicardini van a seguir discrepando, y está bien que discrepen: esa tensión, bien llevada, también es parte de la vida democrática de un partido que representa a más de una sola alma. No tomo partido entre ellas, y esta columna no es el lugar para hacerlo. Pero mientras el Senado graba el conflicto, en Ñuñoa, Providencia y La Granja hay gente construyendo el programa que le va a dar sentido a esa disputa cuando se resuelva.

Los partidos no se sostienen por sus lotes. Se sostienen por los sábados a las diez de la mañana.