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Carta al director

Un motor con el nombre de un amigo

Señor Director:

En junio publiqué, gratis y con el código abierto, un motor escrito en Rust que resuelve un problema concreto de la neurociencia: una sola sonda de grabación cerebral genera unos 80 gigabytes por hora, y el software estándar en Python revienta la memoria de cualquier laboratorio que no tenga un servidor de sobra. Mi motor procesa esos datos con memoria acotada, sin ese límite.

Le puse el nombre de un amigo que quise con todo mi corazón y que murió de leucemia a los 26 años. Se llama Segovia. No cura nada, y lo escribí así de honesto el día que lo anuncié, pero su misma arquitectura deja abierta una puerta hacia la genómica que sí estudia esa enfermedad.

Soy ingeniero, Magíster en Simulaciones Numéricas. No construí esto por encargo ni por sueldo. Lo construí porque a veces la única forma de que un nombre siga vivo es que siga sirviendo para algo.