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Carta al director

El populismo sin programa no fracasa en las urnas

Señor Director:

El análisis de Luis Lira sobre los diez años del Brexit describe los hechos con fidelidad, pero le falta la categoría que los explica. Lo que Lira llama "desorden" tiene un nombre: populismo, no como insulto sino como diagnóstico técnico: un movimiento que sustituye el programa por el eslogan.

"Take back control" fue acuñado por Dominic Cummings, director de Vote Leave. Chatham House lo describió ese mismo 2016 como "un eslogan vacío a menos que mejore las perspectivas de los ciudadanos." Su eficacia era proporcional a su vaguedad: para un obrero del norte significaba empleo; para un empresario de la City, menos regulación; para un eurófobo, identidad. Una vez ganado el voto, esa multiplicidad de significados se volvió parálisis: dos primeros ministros, cuatro negociadores, tres propuestas rechazadas en el Parlamento. ¿Qué se quería recuperar, exactamente?

Conviene ser justos: la soberanía y el derecho a negociar acuerdos propios son argumentos reales que merecían debate real. El Brexit nunca lo tuvo. Cameron convocó el referéndum para contener el ala euroescéptica de su partido, esperando ganar, y el resultado fue, como señala Lira, que "nunca hubo claridad en lo que se deseaba recuperar."

El costo es medible. Un estudio con datos del Banco de Inglaterra publicado en 2025 estima que el Brexit redujo el PIB del Reino Unido un 6% acumulado en diez años, más de lo que pronosticaban sus propios detractores. Los promotores del Leave prometían prosperidad e independencia. Nigel Farage, origen del movimiento, ganó más de 1.400 escaños en las elecciones locales de mayo de 2026. La retórica sigue intacta; la factura, también.

El populismo sin programa no fracasa en las urnas. Fracasa en la década que sigue.